jueves, 1 de septiembre de 2016

ISLANDIA ( 6 días) - Agosto 16



Compramos los billetes 2 días antes del vuelo por 270€ / persona de Barcelona a Islandia con la compañía islandesa Wow. Según su normas no aceptan como equipaje de mano maletas con dimensiones superiores a 42x32x25cm lo que nos provocó más de un dolor de cabeza al hacer la maleta. Eran 6 días, pero necesitábamos llevarnos ropa de abrigar, mucha comida y como las tiendas no cabían, tocaba alquilarlo allí.


Finalmente apretamos nuestras mochilas (aunque no se acercaban a las dimensiones indicadas) y nos dirigimos a la puerta de embarque, donde ni si quieran nos miraron... lo mejor de todo, que llevábamos los pantalones de esquí puesto, para que no abultara la mochila, por lo que podéis imaginar los sudores en el autobús que nos llevaba al avión. Una vez subido, ¡ropa fuera!



Zona centro y sur de Islandia

Día 1: Llegamos a Islandia a las 2 a.m y fuimos a coger el coche que teníamos reservado en Blue Car Rental, habíamos leído por varios blog que eran una de las compañías que menos problemas ponían al devolver el coche.

Alquilamos el coche durante los 6 días con un seguro con franquicia de 600€ pero no incluya el seguro SA (Sand and Ash protection) que amablemente te aconsejan si vas al Sur de la isla por 10€/día. Nos sorprendió que este seguro no estuviera incluido ya que cuando lo reservamos nos aseguramos de que todos los seguros recomendados estuvieran cubierto, por ello no cogimos este seguro adicional, a pesar de que pasaríamos por el sur.

Blue Car Rental: Kia Ceed durante 6 días por 670€

Después nos dirigimos a Reikiavik donde teníamos reservado las 2 tiendas de campaña (para 5 personas), colchones finos y un hornillo con el gas (super recomendado) por 272€ en total alquilados en la web: www.iceland-camping-equipment.com.


Entre una cosa y otra ya eran las 4 a.m y ya era de día, por lo que decidimos no dormir, y empezar nuestra aventura, así que nos dirigimos ya con nuestro coche completo, ya que no cabía ni un alfiler, hacia el Parque Nacional de Thingvellir. Una vez allí había un aparcamiento en el que teóricamente se pagaba, pero claro está que a las 5 de la mañana no era necesario. En este parque se puede apreciar la unión de las placas tectónicas americana y euroasíatica, incluso, hay una parte que va por debajo el agua que solo se puede ver haciendo submarinismo.


Öxarfárfoss


Hicimos el recorrido por los caminos, en ocasiones bajo la suave lluvia hasta llegar a la grieta en el suelo de color turquesa llamada Flosagjá y posteriormente a la Catarata de Öxarfárfoss que hay a unos 4 km de la entrada. Después volvimos por otro camino en el interior del parque con un paisaje verde en todo momento.




Después de la primera parada, en la que en todo momento estuvimos solos ante la naturaleza, pensando que no encontraríamos a nadie en la isla, nos dirigimos hacia el Geiser de Strokkur, donde aprovechamos primero para desayunar un bocadillo que llevábamos en nuestra comprimida maleta de mano. La zona de Geiser era una pasada, vapor de agua saliendo de agujeros, pero sobre todo había uno gigante que expulsaba el agua hirviendo cada cierto tiempo.

Geiser

De ahí, nos dirigimos a una cascada llamada Gullfoss, que tiene una caída de 32 metros. Entramos de nuevo en el coche y en ese momento, apreciamos que nuestros cuerpos necesitaban una minisiesta, y así fue, aparcados en una zona de estacionamiento, echamos una cabezadita en el coche.

Última caida de Gulfoss dónde no se puede apreciar el fondo


Nuestra siguiente parada fue una cascada llamada Seljalandfoss, un poco más al sur, de donde estábamos. La lluvia, empezaba a ser considerable, y los turistas ya habían despertado. Pese a esto, los 60 metros de cascada, la cual se puede rodear, valen la pena, aunque sea bajo la lluvia.

Skógafoss
Como no podía ser de otra manera, la siguiente parada volvía a ser otra cascada, esta llamada Skógafoss, y con otros 60 metros de caída. A llegar, y bajo la lluvía también pudimos ver en algún momento el arco iris debajo de la cascada (el arco iris iba a estar presente muchas más veces durante el viaje).

Después de algún que otro tentempié, y sobre las 15h, decidimos avanzar en nuestra ruta, claro está durmiendo siempre en el trayecto, excepto nuestro querido conductor Matias :), al cual estaremos eternamente agradecidos.

Columnas de basalto
Una vez en Dyrhólaey, pudimos apreciar desde las alturas toda la playa de arena negra que estaba a nuestros pies. Después retrocedimos por el mismo camino y un poco más al este, pudimos ver la columnas de basalto ancladas en otra playa de arena negra. Según lo que habíamos leído, en esta playa llamada Reynisfjara, suelen verse frailecillos, pero no fue así, por lo que lo único que pudimos ver fueron los huesos de uno que ya había pasado a mejor vida.

Se habían hecho las 18h ya y lo que necesitábamos era buscar un sitio donde dormir. Nos acercamos a Vik, donde preguntamos por el camping, nos hicimos con unas provisiones en un super y montamos las tiendas (claro esta que la primera vez iba a ser algo costoso) y estrenamos las cazuelas con el hornillo para hacer la mejor sopa que habíamos probado nunca (igual el hambre y el cansancio tuvieron que ver para que pensáramos esto). No encontramos a nadie en recepción, por lo que usamos las instalaciones y acampamos sin poder pagar.


Día 2: Nos levantamos a las 5 de la mañana, ya que a las 22h del día anterior ya estábamos acostados, y nos dio la sensación que no se había hecho oscuro. Esto es cierto, pudimos comprobar que, en agosto, se hace de noche a las 23:30 y amanece sobre las 3h.

Ese día no sabíamos que lo que nos espera era una auténtica excursión. Después de 2 horas aprox. en coche, llegamos a la entrada del Parque Natural de Skaftafell. Preguntamos por las actividades en las lenguas del glaciar, pero claro los precios, digamos que no eran muy competitivos, algo como 80 dólares 2 horas, por andar por el glaciar.

Desembocadura de la legua glaciar de Vatnajökull
La alternativa fue una ruta de montaña de unas 5 horas, por alrededor de las lenguas de hielo, que acabaron siendo 6 horas. A las 10, salíamos del parking abrigados y en los 150 primeros metros de desnivel tuvimos que arrancarnos las capas y dejar la manga corta. Después de una hora de subida, empezaba el fresquito, pero con la subida empezaban a sobrar algunas capas. Entre parada y parada llegamos a punto más alto de nuestro camino (había otra ruta que continuaba y que subía un poco más, pero claro, la imagen de un escalador en el mapa, no era buen augurio, así que decidimos no hacerlos los "sobraos" y empezar el descenso), habíamos ascendido casi 1000 metros por un sendero paralelo a la lengua del glaciar Vatnajökull. Durante el descenso, pasamos por algún riachuelo del cual pudimos beber agua muy muy fría. En la última parte de la ruta, llegamos hasta una cascada, que no tenía nada que envidiar al resto que ya habíamos visto hasta el momento. Es una excursión con desnivel, pero que con calma, se puede hacer en 6 horas, incluyendo paradas fotográficas (recomendado).

Lago Jökulsárlón

Después de recuperar fuerzas y sobre las 15h nos dirigimos al siguiente punto que era el lago Jökulsárlón (recomendado), donde se pueden apreciar un gran grupo de icebergs en medio de un lago que desemboca en el mar. Los trozos de hielo rondan a sus anchas a un ritmo lento, con un paisaje lleno de aves y alguna que otra foca. Lo más divertido, fue ver 3 guiris cogiendo un trozo de iceberg y metiendo lo en un vaso, para bebérselo con un liquido amarillo...



Desde aquí, tardamos una horita hasta el camping de Höfn, donde nos alojamos por unos 44 euros, ya que el de seguridad supuso que éramos 5 y no 4. Estábamos a punto de acostarnos y el segurata apareció preguntándonos por la etiqueta que no habíamos pagado... así que no quedo otra que abonar lo que nos pidió. Ese día cenamos una burguers en la gasolinera N1 que está frente el camping y que nos salieron bien de precio.


Zona este y norte de Islandia

Día 3: Hoy era el día que pasábamos del sureste al norte (evitando la zona noreste), por lo que tocaba pasar horas en nuestro querido coche, que al final del día tendía un color más negro que blanco.

Después de 25 km por una carretera sin asfaltar, llegamos a Selfoss y Dettifoss (recomendado pese a lo costoso que es llegar). Estas cascadas como podéis ver no tienen desperdicio. El parking esta cerca de una, y para llegar a la otra hay un camino un poco complicado con rocas en medio que no se hace largo (20 minutos) excepto si la lluvia empieza a ser considerable. Llegamos empapados, pero nada que no se solucione con la calefacción a tope durante otros 28km por camino de cabras.

Selfoss

Desde ahí, nos dirigimos hasta la zona de Hervir, que es un paisaje lunar de calderas y respiradores, en el que se puede apreciar un fuerte olor a azufre. Hay un recorrido por la zona, que debe dar una mejor vista de la zona.


Cerca del acceso a Hervir, hay un desvío hacia el cráter de Viti (dirección Krafla), que pasa por una central Geotérmica. En coche se puede acceder hasta el cráter, que está parcialmente lleno de agua.
Cráter de Viti
Desde aquí nos dirigimos hacia el lago Myvatn y hicimos las ascensión hasta un cráter que esta justo en frente del río y que ofrece una vista del cráter y del lago muy bonitas (recomendado). Antes de subir, nos bajamos del coche para poder apreciar el arco completo arco iris.


Queda muy cerca los Baños Naturales de Myvat. Nos acercamos principalmente para ver los precios reales, y para nuestra sorpresa el precio era 40 euros (50% para estudiantes) y decidimos no entrar, por dos motivos, el primero porque pensamos que con 1 hora de agua tendríamos más que suficiente, y no queríamos pagar tanto, y en segundo, porque nos quedaba un plan b, que eran unos baños termales gratuitos en Húsávik. Así que nos movimos para seguir con nuestro plan b. Una vez controlado el camping, conseguimos con las siguientes indicaciones llegar hasta lo que sería nuestra piscina privada natural:


"conducir por la calle principal de Húsávik dirección al camping, nada más pasar las piscinas municipales se gira a la izquierda y cuando se llega a una fábrica, hay que subir por la derecha cuesta arriba y otra vez a la derecha y a la izquierda"

No era más que una cuba de agua hirviendo de unos 10 metros de largo por 2 de ancho y con una mini bungalow que se utiliza de vestuario. Al fondo una paisaje que da al mar y donde se puede apreciar el atardecer. El agua debe estar a unos 40 o 45 grados, y la verdad que la experiencia fue super buena, claro está que todo es relativo en esta vida (recomendado). Uno de nuestros viajeros, de cuyo no nombre no recuerdo, después de unos 20 minutos en ese olla express, sufrio una bajada de tensión, eso sí, no fue más que un susto. Cuando nosotros nos empezamos a salir para ducharnos, empezó a llegar gente del pueblo, y al ver lo que sucedió, fueron super amables, poniendo una tambla en el suelo y dándonos agua fría. Dejamos una propina que se recomendaba de unos 2 euros, para el mantenimiento de ese espacio.
Baños termales de Húsávik

Llegamos al camping sobre las 21h y no había nadie en recepción, por lo que no pudimos efectuar el pago.


Día 4: Después de desayunar nuestras típicas galletas con nocilla y un zumo, todo comprado en el super, en el puerto de Húsávik pusimos rumbo a Godafoss, de nuevo otras cataratas. Pero por algún u otro motivo, al ver todas las fotos del viaje, la que más se repetía, era esta, por lo que hemos llegado a la conclusión, que es una de las más bonitas, quizá porqué fue de las pocas que vimos sin lluvia, quizá...


Siguiente parada una ciudad, la segunda más grande de Islandia, que no quiere decir, que sea una ciudad grande. Había bloques de pisos pero de no más de 4 plantas. Se respiraba tranquilidad en esa ciudad costera. Las calles principales mostraban sus casitas de colores vivo y diversos. Nos acercamos hasta la iglesia vikinga, construida en el 1940, como la mayoría de edificios de esa ciudad, y también hasta el jardín botánico. La visita duró entre dos o tres horas. Para aparcar en la zona del centro, es necesario pedir en la gasolinera un disco gratuito de estacionamiento para marcar la hora de estacionamiento. Dado que aparcamos en un centro comercial, a las afueras, ni lo usamos, pero siempre va bien saberlo.

De camino a la siguiente punto de interés, paramos con nuestro hornillo para comer un buen plato de arroz con tomate, y llenar los estómagos.

Ya en Hvammstangi, dimos un paseo por el pueblo, en realidad solo por la calle del puerto, para ver si conseguíamos ver focas. No hubo suerte. La visita fue rápida, parando en una tienda de souvenirs y de nuevo, partimos hacia nuestra siguiente parada.


Hraunfossar, son muchas cascadas que se encuentran situadas en una pared de agua y vegetación que caen en el río Hvítá. El camino actual de aproximadamente 10 minutos daba un pequeño paseo por la zona, donde se podía apreciar una zona de rápidos del mismo rió.


En ese momento, el siguiente objetivo fue pensar donde pasar la noche. Después de muchos quebraderos de cabeza decidimos llegar hasta la costa oeste, y dormir en el camping de Akranes

Nuestra entrada al camping fue sobre las 22h por lo que no había recepción. Pudimos ver la puesta de sol mientras cenábamos una sopita cocinada por nosotros mismos a una temperatura agradable de unos 9 o 11 grados.



Zona oeste

Día 5: Nos dirigimos a Reikiavik. Pese a que según el mapa parecía que estábamos cerca, dimos una vuelta de unos 30 minutos adicionales para evitar el peaje del túnel subterráneo que une ambas costas.

A las 8 de la mañana estábamos en el centro, aparcados y con ganas de visitar la ciudad. Dio la casualidad que era la fiesta del orgullo gay, por lo que el espectáculo estaba asegurado. Nos pasamos el día recorriendo las calles, desde la Iglesia Hallgrímskirkja, monumento a Leif Eriksson, que fue un explorador vikingo que descubrió América antes que Colón, pasando por el nuevo auditoría, por el paseo marítimo y por el lago Reikjavikurtjörn. Ese día, la mitad del equipo decidió comprar unas burguers para mantener la línea, y otros acabar con las provisiones de macarrones cocinando en medio de un parque en pleno centro, mientras la gente local, flipaba con vernos cocinar y comer. También se puede hacer un free tour, que empezamos pero por algún motivo no acabamos, ya que no era de nuestro interés. Vimos parte del desfile de carrozas con gente disfrazada e incluso pegamos una cabezadita en el césped.



Sobre las 18h decidimos salir del centro para acampar esa noche en algún sitio a las afueras, ya que los campings allí costaban 20 euros por persona. Después de muchas dudas acabamos dirigiéndonos hacia Keflavik, que es de donde partía nuestro vuelo a la mañana siguiente. Llegamos a Grindavik, donde dimos un paseo por la aldea y nos acercamos hasta la zona costera. Nos encontramos con un camping, última parada de muchos viajeros, en el que se deja comida, bombonas de gas u otras cosas (incluso vimos una tienda de campaña) que no se pueden embarcar en el avión, por lo que puede ser un buen inicio de partida para este viaje, llegar hasta este camping, que esta a medio hora del aeropuerto (recomendado hacer primera parada en este camping).


Día 6: Ese día lo dedicamos a ver el pueblo de Keflavik, dando un paseo por la zona costera y por la montaña que queda al oeste del pueblo, y sobre las 11 nos dirigimos al aeropuerto.

Barco anclado en el paseo de Keflavik

Devolvimos el coche, el cual habíamos limpiado un poco antes en una gasolinera de forma gratuita, y que ni si quiera miraron, por lo que pensamos que hicimos bien en no coger el seguro adicional. Habíamos comprado pan y algo de embutido, por lo que comimos dentro del aeropuerto y a las 22h estábamos de vuelta en Barcelona.

Después de hacer cuentas, el total de gastos del viaje entre coche, gasolina, comida, alquiler de tienda y minicolchones y otros, fue de unos 320 euros por persona.

Podemos describir el viaje con una temperatura en general buena, siempre entre los 6 y 13 grados, con lluvia en numerosas ocasiones, e increíble en sus paisajes, volcánicos, de hielo, y repleto de cascadas.

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